Efecto rebote: mito o realidad.

Cuando afirmo que la tasa de éxito en Nutrición es de las más bajas de todas las intervenciones médicas posibles no me refiero a la dificultad de perder peso (hay casos muy difíciles como pacientes con Síndrome de ovario poliquístico o Resistencia a insulina), sino a lo costoso de mantener los resultados al menos 4 años tras el éxito de la intervención.

Es por eso por lo que insisto al paciente que el periodo de dieta o intervención debe ser una etapa no solo de seguimiento sino educacional y de adquisición de ciertos hábitos que nunca se deben abandonar en la vida. Resumiría la base del mantenimiento en tres pilares:

1.- Desayuna nada más te levantes todos los días, sin olvidad algo de proteínas (jamón, quesos desnatados, atún, huevo, salmón ahumado, pavo) y grasa (aceite de oliva, aguacate, frutos secos)

2.- Come cada 3h. Es preferible comer frutos secos entre horas que zumos o fruta (sobre la fruta, no te engañes, lee aqui)

3.- En las comidas principales intenta evitar diariamente pan, patata, pasta, arroz y por supuesto dulces y cereales refinados. Los hidratos de carbono no deben ser la base de la alimentación de quien toda la vida lucha contra el sobrepeso.

La teoría pareces tenerla clara. Posiblemente también la práctica. Pero parece que nunca acabas de encontrar la solución a tu eterno problema, el sobrepeso.

Una vez hemos terminado el proceso de intervención, te preguntas si siempre vas a tener que comer así o asá… si podrás volver a tu «dieta normal». Eso de dieta «normal» es discutible y es algo que tendrías que examinar. Si a dieta normal te refieres a salir de casa sin desayunar o a lo sumo un café, hasta media mañana, hora de la tostada y café en el break del trabajo. Posteriormente un almuerzo basado en macarrones, patatas, etc. poca proteína, nada de grasa. Nada de merienda y cena fruta o yogur… la respuesta es NO. No puedes volver a esa «dieta normal»

A la pregunta de ¿podré comer chorizo y no engordar? Sí, podrás

La respuesta parece obvia. Según nuestra educación nutricional es un rotundo “no”. Pero, no es del todo así. Esta pregunta tiene una respuesta más ambigua y mejor fundamentada desde el punto de vista endocrinológico. Es una respuesta más esperanzadora.

Antes de todo, hay que entender por qué se engorda. El problema casi en el 90% de los casos está en una ineficiencia en la obtención de la energía por parte de las células. digamos que, el carburador no quema bien. El exceso de combustible (no tiene que ser necesariamente un exceso de ingesta de alimentos o calorías) o, mejor dicho, el combustible no quemado, se almacenará en formato grasa. Ese combustible es la glucosa.

¿Por qué no utilizas bien la glucosa? bueno, esto sería algo más complejo de explicar para un iniciado en el mundo de “aprender a comer”. Básicamente el problema está en una ineficacia de la entrada de glucosa en las células. Glucosa que no entra en el Ciclo de Krebs (ese ciclo que, los que seáis de ciencias recordareis, servia para quemar azúcares y obtener energía y un desecho de CO2 y agua.) glucosa que queda disponible en sangre para, entre otras cosas, almacenarse en formato de grasa.

Un paso más, ¿Por qué las células no son capaces de captar glucosa? otra maraña de situaciones fisiopatológicas están detrás letal situación. Podemos afirmar de forma resumida que el origen de la ineficacia de la captación de glucosa esta en dos causas mayoritariamente:

  • Falta de eficacia del funcionamiento de la insulina: ésta actúa como un transportador de glucosa a los tejidos. Si no funciona bien… (lee más aquí)
  • Exceso de inflamación corporal: el organismo de una persona obesa o con sobrepeso suele ser un organismo “inflamado”. Paradójicamente el origen de esa inflamación está en la propia grasa corporal. La grasa es un tejido emisor de hormonas inflamatorias. Los tejidos inflamados se hacen resistentes a la acción de la insulina por lo que ésta no realiza bien su función. Como consecuencia llegamos a esa ineficacia en la combustión de azucares.

Entonces, ¿cuando podré comer guarrerías?

Pues bien, cuando hayas conseguido el objetivo de la pérdida de peso en calidad de grasa (esto ultimo es importante) tendrás un estado inflamatorio mucho menor al que tenias anteriormente, con ese exceso de grasa corporal. Esto significa que podrás, ocasionalmente, comer un dulce sin que resulte tan “engordante” como antes de perder el peso en calidad de grasa. Tras haber perdido grasa corporal el azúcar es “quemados” más eficazmente que cuando sufrías obesidad. Sobre el consumo de grasas tipo embutidos, quesos grasos, lácteos sin desnatar, etc. si has conseguido perder el peso en calidad de grasa, también tendrás menos cantidad de insulina en sangre (esto es debido a que al mejorar la capacidad de captación de glucosa por parte de las células, el páncreas no se ve obligado a producir un exceso de insulina para forzar tal captación). ¿Por qué no es bueno tener un exceso de insulina en sangre? Por que la insulina, además de ser la encargada del paso de la glucosa al interior de los tejidos, es la promotora del almacenamiento de grasa corporal. Por tanto, si en un estado de sobrepeso (que normalmente cursa con estados de hiperinsulinismo o exceso de insulina en sangre) comes alimentos ricos en grasas saturadas, éstas se almacenarán rápidamente en los depósitos grasos, ya que la insulina está dispuesta a abrir las compuertas del tejido adiposo para que la grasa entre y se almecene.

Como conclusión, cuando el carburador vuelva a funcionar podrás excederte en el combustible sea del tipo graso o azucarado. Eso sí, nunca olvides las pautas que tu nutricionista te va a dar desde este momento en el que va a empezar a trabajar contigo.

Eduardo Agudo Aponte

Nutricionista

Nutricionista

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