No huyas de las grasas. Comer grasa es necesario.

Hace ya tiempo que vengo observando un cambio en la actitud de algunos pacientes, sobre todo de algunos medios de comunicación y de la comunidad científica frente a las grasas. 

Una de las más comunes afirmaciones que los Nutricionistas solemos escuchar ante la justificación del paciente novato en su primera consulta en lo referente al por qué de su actual peso corporal es “No lo entiendo! si yo no como grasas!”

Efectivamente, no se come grasa. No se come grasa saludable. Todo gracias a esa Nutrición minimalista (la que afirma que cuantas menos calorías mejor que mejor) y la Nutrición ceroceista (lo que quieras comes sí, pero 0,0 grasas siempre) que nos han impuesto desde la industria. 

Hay que hacer entender al paciente o al joven que entrena o al niño en la escuela que la grasa es completamente necesaria para cubrir las necesidades energéticas del dia. Ya que las grasas son el nutriente más energético. Solo un gramo de grasa aporta 9Kcal y, ¿eso es bueno? Buenisimo! si una de las estrategias para obtener o mantener un peso saludable es el aporte de la energía que un cuerpo necesita y así desactivar ese “modo metabolismo en supervivencia” ¿qué mejor que un alimento denso, poco voluminoso y cargado de energía, como son los alimentos grasos? Pero, ¿cualquier grasa? no, mejor aquella que además tenga una serie de funciones que ayuden al proceso de obtención o mantenimiento de peso saludable. Son las grasas saludables.

Una dieta con un 30 o 35% de grasas donde la gran mayoría sean las llamadas grasas esenciales como los conocidos omegas (tres, seis y nueve) es fundamental para la mejora de la salud y una mejor composición del organismo.  Incluso una vez explicado esto más de un paciente considera excesiva la cantidad de aceite de oliva prescrita en la dieta y tomando las riendas por su cuenta deciden reducir tal cantidad. En dicho caso, es importante incidir en la funcionalidad de la grasa en el proceso de la pérdida de peso.

Dicha funcionalidad principalmente radica en el efecto antiinflamatorio de las grasas esenciales. Simplificando la explicación de forma que cualquier paciente lo entienda afirmaría que el aporte de grasas esenciales en la dieta produce a nivel de todo el organismo una reducción de la inflamación que se sufre a nivel de todos los tejidos. Sin olvidar el hecho de que la grasas es la materia primar de la síntesis de una gran cantidad de hormonas con funciones vitales imprescindibles, además de ser el componente mayoritario del nuestro cerebro.

Cuando un martillo golpea un dedo una serie de reacciones químicas en cascada se desencadena para inflamarlo. Es la llamada respuesta inflamatoria.

Cuando un gran martillo (tabaco, alcohol, exceso de azúcares sencillos, sedentarismo) golpea a todo el cuerpo esa inflamación produce disfunción de muchos tejidos dando lugar a inflamación de las arterias, hipertensión, falta de respuesta de la insulina frente a la ingesta de azúcar (la insulina es fundamental para la transformación de azúcares o hidratos en energía. Y cuando un azúcar no se utiliza… se guarda. Sí, en forma de grasa), lo que deriva en cuerpos obesos, grasos, hinchados, congestionados, etc.

Así que, sigan reduciendo grasas de la dieta que seguiremos insistiendo en la importancia de comer aceite de oliva virgen extra, frutos secos, pescados azules, aguacate, incluso chocolate negro, etc. Efectivamente, cosas que según usted engordan.

Eduardo Agudo Aponte

Nutricionista

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